Interesante

sábado, 18 de septiembre de 2010

Estaba sentada en mi cuarto escuchando llover mientras leía unas líneas de Bertolt Brecht y sacaba lo que en mi parecer eran sus más grandes ideas, un arranque de libertad me invadió y decidí salir un rato interrumpiendo mi trabajo, dejando mi computador a un lado con una conversación en espera de respuesta y ese libro del cuál extraía esas ideas en el otro, salí y me senté en la parte trasera del edificio de estudiantes en cual vivo a ver como el piso detenía la carrera de las frías gotas de lluvia, me levanté entonces para moverme a un lugar en el cual pudiera sentir el frío de aquellas gotas, te pensé entonces y te ví. Cuando las heladas gotas comenzaron a tocar mi cara desee que alguna de ellas te hubiese tocado porque recorde el ciclo del agua, ese que aprendí cuando aún no sabía correr, aspiraba que así tal vez no lo quisieras una de esas gotas que tocó mi cara te tocase y volviera a mi en algún momento de la forma que fuera en ese ciclo, porque estás muy lejos y no te puedo sentir de ninguna otra forma si no es usando la imagen que tengo de ti en mi cabeza la cual me acompaña todo el tiempo y me permite tenerte conmigo, imagen que guarda la esperanza de tal vez soñarte.

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